En muchos casos, el emprendedor está preocupado con la pérdida del control de su idea o proyecto. Es una preocupación lógica y racional, pero debe gestionarla bien y dar entrada a otros partícipes que enriquezcan el proyecto y también lo hagan suyo.
En EEUU es algo muy frecuente: los propios inversores de capital riesgo lo fomentan para que los empresarios no pierdan el entusiasmo. En España, desgraciadamente, es menos habitual este tipo de motivación, y cuando a un emprendedor no le queda más remedio que dar entrada a un gran inversor, éste exige de inmediato controlar la empresa.
Una start-up necesita habitualmente un ciclo de cinco años para madurar. El primer año está dedicado a completar la idea y el equipo directivo. Durante el segundo y el tercero, hay que consolidar el proyecto y conseguir un inversor institucional. Se debe conseguir rentabilidad a mediados del tercer año, y demostrar crecimiento continuado y mantenimiento de los márgenes del negocio para dar el salto y crecer fuera de las fronteras iniciales.