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No te encierres, es hora de regresar

Un día abres los ojos con el molesto “ti-ti-ti” de tu despertador. Tu ojo abierto clavado en el infinito de la tenue luz de tu habitación. Tu mano palpa la mesilla de noche, y en cuanto para la alarma tu cerebro trata de pensar: “¿Qué he de hacer hoy?” Tras el desconcierto, te das cuenta de que no tienes a dónde ir, no tienes trabajo. Es hora de abandonar la isla que es tu casa.

Los primeros días de paro es normal no sentirse “un parado más”. Se vive como una especie de nube en la que te sientes libre. Dormir más, pasear, ver la tele, leer un libro o pasar más tiempo con los amigos. Las principales preocupaciones del parado son las económicas: poder pagar el piso, el préstamo, la luz, etc.

Cuando uno se da cuenta de que el resto de la humanidad no está libre hasta después de las seis, empieza a sentirse aislado. La necesidad de encontrar un nuevo trabajo aparece. ¿La razón? El perdido se siente ansioso.

Al buscar trabajo tras unas semanas en el paro, lo hacemos con temor. Hay que desempolvar el currículum y más allá de corregir las faltas ortográficas y poner la última experiencia que es el trabajo del que te han echado, hay que encontrar la manera de que sea convincente.

Para encontrar trabajo, todos estamos de acuerdo, es importante llegar a la entrevista con la autoestima alta, con la seguridad de que podemos con todo. Es importante poder transmitir “buenas vibraciones” y que el entrevistador sepa que el trabajo está hecho para nosotros.

Cuando ya se han hecho “un porrón y medio” de entrevistas, empieza el decaimiento personal. El temor a no tener la preparación adecuada para empezar de cero en una nueva empresa. Se desconfía de las ofertas de trabajo que los amigos te puedan proponer. Se produce, en definitiva, una espiral de desconfianza que llega hasta el centro de uno mismo.

Abandonar la isla de los “perdidos en el paro” requiere sacrificios. La salida no se encuentra en la entrada, hay que buscar más. ¿Cómo lo hago “Locke”? La clave está en mejorar nuestra preparación. No nos vale cualquier tipo de formación, debe ser la que nos ayude a re-orientar nuestra carrera profesional. Para escoger el tipo de cursos que nos interesa debemos valorar qué es lo que el mercado necesita. Sobre esto tenemos que marcar un punto más: qué valores tenemos y cómo los podemos potenciar.

Las empresas quieren despegar de la mano de profesionales cualificados. Los que tengan un título de FP en sus manos tendrán una ventaja para regresar al terreno laboral. Pero no es tan fácil: Los titulados con formación profesional deberán, además, complementar sus estudios y ampliarlos. Los poseedores de un título universitario necesitarán salir a la búsqueda de su especialización. Los másters y los breves cursos, para unos y otros, se convertirán en la forma de reincorporarse al mercado laboral.

Las áreas tecnológicas, la informática y el diseño se juegan un papel importante en esta salida de crisis que nos espera. No se trata de un ciclo económico más, nos exige un cambio de nuestros perfiles profesionales. El inglés ya no es suficiente, hay que aprender francés. Poner en tu currículum que tienes nociones de Photoshop sabe a poco.

Cada vez con más competencia es imprescindible destacar y además hacerlo con un título. Sí, la clave para que puedas salir se encuentra en la formación cualificada.

Vía: quecursar.com

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